Monday 16 may 2011
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Una arcada de tristeza, de soledad y locura.
Como cuando el aire frío, la brisa de la Mar, te congela el sudor y los escalofríos te
llegan al “Alma”.
¡Pues sí! Eso era todo lo que sentí, el día que mi Madre me confesó que la gran referencia en la
vida de un niño de 13 años (mi Padre), ya no iba a darme una buena “ostia” (y no precisamente en la iglesia) si dejaba de imaginar la vida reflejada en la pared de mi cuarto, viendo las
diapositivas de Castillos. Yo era el caballero fiel y noble que soy, o que fui. Ya no lo sé, pues la vida, se me hace día a día más infiel.
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El día que Galileo experimentaba con la gravedad, yo estaba bajo la torre de
Pisa…
Uno de los objetos que el tipo tiró por una de los arcos que guardan cada pared del edificio, me
dio en la cabeza.
Cuando miré para el cielo, vi una gran cigüeña.
En ese momento no le reconocí, pero era él…. El gran repudiado, como todos los genios y
yo.
Hago esa distinción porque yo no soy un genio, soy un repudiado, aunque no sé si algún día volaré
más alto que aquella cigüeña.
Salí corriendo, como si los maderos fueran tras de mí, como si una vara de avellano me fustigase
como a los pobres caballos, montados por Caballeros como yo, nobles y leales al servicio de la “Corona de Castilla y Aragón (menos a sus caballos)”.
¡Ahh!, ya empiezo a recordar:
….. Todos me miraban sin saber por qué corría tanto.
Salí como una exhalación, y es que ¡hostias!, los maderos venían tras de mí,
¡ja!
En ese momento empecé a sentirme “Dios”….
Pero nadie, ni Yo “Dios”, puede hacer que una flor dure más de dos primaveras. Nada más que los
“Chinos”, que las secan, como yo me sequé aquel amargo día.
Ese día transformó mi vida, pero de eso, me fui dando cuenta paulatinamente, poco a poco, con más
daño, más rabia.
Cada vez me hacia más mi Dios…
En unos segundos pasé de ser un niño, a ser hombre.
Un hombre que estaba atrapado, atrapado en las garras de una cigüeña, que ni siquiera sabía
volar.
Empecé a ir con colegas que solo sabían hacer lo mismo que yo, secar flores para que duraran toda
una vida.
Las drogas empezaron a ser parte de mí ser, de mi Alma, de mi adolescencia salvaje y dura; ya que
yo era de los que tiraba para adelante, sin mirar hacia atrás (por si venían los maderos).
Recuerdo que entre las posesiones familiares había varios Castillos
inmensos.
En uno de ellos vivían mis Abuelos por parte de Madre, mi abuela se llamaba María (murió volando
hacia sus raíces de almendro entre los que se crió) la llamabamos “Mami”, él se llama “Juan”, le dicen “Juan el forestal” (es obvio el por qué, no?).
Bueno, pues ellos se intentaron ocupar de mí, a ver si me hacían Marques y me casaban con una
rica doncella, ¡ja!
Yo no estaba en esas lindes, mi fin era ir más deprisa, deprisa…
Este que les habla tenía una hermana dos años mayor, que claro dos años a los 14 era una
eternidad. Ella también iba deprisa, a lo mejor más que yo “Dios”….(Continuará)
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